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Colmadones afectan la convivencia armoniosa de barrios

Santo Domingo, 24 de junio de 2009.- Decir colmado no es lo mismo que decir colmadón. El primero es un establecimiento de expendio de alimentos y otros artículos demandados por residentes en barrios de República Dominicana. El segundo es un espacio pensado exclusivamente para la ingesta de bebidas alcohólicas, y puede ser atractivo a la clase media.

“El colmadón es no solo más espacioso que el colmado sino que ya en éste se baila, se come y las bebidas convocan más que el expendio de alimentos, viéndose las emisiones deportivas desde sus asientos, un elemento de la modernidad, con la modalidad del nivel exageradamente alto con que se suele escuchar la música”, define el antropólogo Carlos Andújar en el libro “Por el sendero de la palabra”.

En el país funcionan unos 65,000 colmadones, de acuerdo con las estimaciones de la Secretaría de Interior y Policía.

Debajo de sus luces suele concluir la semana de trabajo de miles de hombres y mujeres que desde la tarde del viernes dan la bienvenida al fin de semana entre tragos, bailes y picaderas.
Paradójicamente, este esparcimiento pasa a convertirse en el regocijo de algunos y en la tragedia de otros.

Y es que mientras el público disfruta de las bebidas alcohólicas y la música, los vecinos son agredidos por los ruidos del colmadón.

“A veces tu crees que la casa se te va a caer encima porque ellos tocan la música demasiado alta. Además, uno no puede dormir con tanto ruido”, asegura Mercedes Hernández.

Como Mercedes, cientos de ciudadanos denuncian la contaminación por ruidos que generan estos centros.

En el 2008, la Procuraduría General de Medio Ambiente atendió 1,013 casos de colmadones que tocaban música por encima de los 40 decibeles (intensidad en la que el ruido comienza a ser moles to para el oído humano).

A esta forma de agresión física se le agrega la obstaculización de la vía pública.

Regularmente en estos lugares no hay zona de parqueo y los clientes terminan taponando las calles contiguas. Y en algunos casos la fiesta se expande hasta el medio de la acera, imposibilitándole el paso peatonal a quienes no decidieron formar parte del “coro”, pero terminan siendo afectados por éste.

“El colmadón es la expresión más acabada de los cambios sociales acaecidos en la sociedad dominicana en los últimos 30 años, que han afectado por igual los distintos espacios urbanos e introducido modificaciones a los mismos”, sigue Andújar en la obra citada.

Acción ciudadana
El procurador de Medio Ambiente, Andrés Chalas, explica que la contaminación sónica afecta la convivencia armoniosa y la salud mental de las personas. La población afectada por el ruido de un colmadón o de cualquier otro centro de diversión que no respete las normas de la Secretaría de Medio Ambiente puede querellarse en la fiscalía o destacamento policial de su jurisdicción.

Para atender estos casos con mayor eficiencia, la Policía Nacional cuenta con el Departamento Antirruidos, el cual recibe denuncias en el teléfono 809- 533-1411, extensión 5036.

El magistrado Chalas resalta que, según la Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales (64-00), los propietarios de negocios que emitan ruidos contaminantes podrán ser sancionados con prisión correccional, multas y decomiso de equipos, instrumentos, maquinarias, entre otras.

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