Despido el año contando 3 historias y una reflexión de mi viaje de fin de semana a Constanza.

UNO: Un día publiqué en Facebook una foto de una bandeja de langostas. De inmediato, mi querida Vienchy Rodríguez, de La Esquina, en Constanza, me comentó que estábamos en época de veda del crustáceo. Desde entonces me etiqueta cada anuncio de veda. El 1ro de diciembre inicia la del cangrejo.

DOS: El domingo leí una denuncia de Johnny Marte, ambientalista, en el twitter del periódico Hoy, donde reportaba que un proyecto multado en una zona protegida seguía su construcción. También oí y vi la desesperanza de los que no tienen información de qué pasará con ellos cuando cierren Valle Nuevo.

TRES: subiendo Casabito vi un lugar que me pareció maravilloso, y quedé de ir al regreso. Así lo hicimos, la señora que nos atendió nos hizo la historia de cómo surgió el sitio: ella y sus hijos vendiendo té y chocolate a los que paraban a enfriar sus carros. ¿Quién hizo la maravilla? El de la denuncia de Johnny.

CUARTO: cuando publicamos una foto, de forma inconsciente, promovemos un lugar o aprobamos una práctica. El Facebook es el álbum de las caras alegres, pero ¿Qué hay detrás de ellas? Gente que trabaja, siente y padece ¡y no salen en las fotos! Turismo y conservación ambiental son alas del ave sostenibilidad.